

De la broma al desquicio
Se trataba de una broma, de esas que se te ocurren ya que no tienes otra cosa mejor que hacer. Pero nunca imaginas lo que puede ocurrir, o tal vez sí. El impulso hace no puedas conciliar un estricto pensamiento de la responsabilidad y te obliga a confiar más en tu sentido del humor, ¿responsabilidad? y según los abuelos; consecuencias.
Cuando estas en estado de éxtasis y me refiero a ese momento de creación de ideas en tu enorme cerebro, no hay límites en cuestión de ingenio y recursos, haces todo lo posible por conseguir hasta el más mínimo detalle de tu creatividad, justo como lo ves en tu mente. Basto con ir a la tienda TELMEX gastar una buena cantidad en comprar un teléfono igual al de casa; de regreso te lleva a hacer una leve parada por la papelería de la chica guapa que no le queda de otra que trabajar ahí por salir con su “domingo siete”, pero no le quita se haya puesto mejor y hasta la haces cómplice de la travesura que llevas en mente.
Ya con todos los elementos en la mesa de la cocina, comienzas con la construcción de la broma maldita, cambias el teléfono de lugar, y haces todo lo necesario para que todo salga a la perfección, sabes que de un momento a otro te carcajearas de la situación y te reconfortará saber aún conservas ese don de chingar. La primera víctima se acerca a la trampa, y es verdad lo que digo, será la primera y la última desventuradamente.
Así ocurrió, entro la tía de Querétaro, que estaba de visita ya hace uno días en casa. Yo hubiese preferido a mi hermano menor pero la vida es así. La note un poco alterada, pero son cosa que uno no le da mucha importancia, decidí seguir con el plan, tome mi celular, marque a la casa para que sonara el teléfono y la tía Santa descolgó y borbollones de pintura roja escarlata salían del auricular.
Yo me doblaba de risa desde mi madriguera, de repente cayó la tía Santa con una expresión de dolor y angustia en el rostro, mi madre me explicó que ella sufría no sé qué del corazón y casualmente ella había aceptado salir con un pretendiente al cine y ver una película de terror. La tía era joven pero no tenía surte con los hombres, y eso que no era de mal carácter, ya saben, caprichos de la vida. Y tanto se encapricho con ella que ahí quedo la pobre tía Santa.


